El amor sin fecha de caducidad

La vida es un proceso y no un estado definitivo. El universo vibra en mutación constante. Siempre ha sido así, lo es ahora y lo será en un futuro impredecible.

El amor no es eterno, simplemente sucede cuando las circunstancias acontecen y como el tiempo, no existe, salvo como un pretexto, un referente o una medida que utiliza el ser humano para vincularse con la realidad, tratando de asegurar con ello la continuidad de sus apegos.

El amor es una fuerza que trasciende las fronteras y deja a un lado las categorías personales, supera sin atrevimiento el limitado ser que aparentemente nos creemos ser.

En la libertad de saberse uno en el amor, la experiencia no se mide en cálculos acumulativos. Es una fuerza latente que surge naturalmente en cada uno de nosotros, un potencial de entrega compartida que en algunos está despierta y en otros permanece aparentemente dormida.

Esta fuerza que no conoce la ley de las distancias, es un impulso que no sabe de tiempos, limitaciones o dificultades. Eso es el amor.

Acompañar al otro en su propio proceso de cambio es un puro acto de amor. Lo contrario es apego e identificación obsesiva. La meditación es un excelente servicio para expresar lo que somos no para alcanzar una imagen de lo que no somos. Meditar es un acto de amor, un ejercicio de desapego y dependencia. Meditar es la expresión de lo que somos.

Denkô Mesa

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