La Vía del No Dos

La práctica de zazen es una combinación de dos actitudes básicas de la mente: concentración y observación. La práctica de la concentración conduce al estado de samadhi. Este estado está caracterizado por una profunda quietud de la mente y por un equilibrio  de la actividad emocional, llamado “ecuanimidad”, en el que la atracción y el rechazo han sido transcendidos. El estado de samadhi es la plataforma desde la cual debemos cultivar la observación lúcida. Es solamente esta observación lúcida la que permite la toma de conciencia y el desmontaje de las estructuras ilusorias de la mente.

La agitación mental viene dada por la dispersión (desenfoque) de la atención. Lo primero que tenemos que hacer al comenzar una sesión de zazen es, pues, calmar la agitación mediante la concentración (enfoque) de la atención. Una vez que sientas que tu mente se ha aquietado gracias a la concentración sobre la respiración, puedes abrir el campo de la atención gracias a la observación. Los principiantes deben ser muy cautelosos a la hora de pasar a la observación y deben asegurarse de que el nivel de concentración, o quietud, no sufre mengua. En líneas generales la base del arte de la contemplación se encuentra en el equilibrio entre la estabilidad y la vigilia:

 Estabilidad – Concentración 

Es como el hilo de una cometa que vuela libremente gracias a la tensión adecuada. Estabilidad no es fijación. Con ella me refiero a la quietud corporal. El foco de atención está puesto en la postura correcta y en el contacto permanente con una respiración adecuada. Se dan al mismo tiempo la firmeza y la flexibilidad, lo cual permite al practicante experimentar lo que acontece con calma y sin reaccionar impulsivamente. Hablo de un apacible estado de centramiento y permanencia; el meditador permanece tranquilo sin apegarse a nada, ni huir de nada.

Vigilancia – Observación

Nuestra mente es parecida a un océano agitado en el que continuamente se agitan las olas de su actividad incesante: emociones contradictorias, pensamientos variados, sensaciones, expectativas, etc. Una vez que hemos establecido la base meditativa (concentración), con ella viene de forma natural un estado de apertura interna. Accedemos a una contemplación dinámica de la mente, nos percatamos que su naturaleza misma en el movimiento, si bien gracias al poder de la postura correcta, podemos fluir e indagar con calma. Tras una observación ecuánime surge un discernimiento correcto. Visión clara es lo que proporciona la mirada atenta.

Sabiduría – Comprensión

La meditación zen, es una práctica espiritual muy antigua que fue actualizada y utilizada por el Buda Shakyamuni como vía de acceso a un estado existencial caracterizado por una profunda serenidad y una lucidez aguda.

¿Cómo lo estamos haciendo? ¿Qué estamos haciendo? El secreto de zazen no está tanto en la técnica como en la actitud (ética) con la que se practica. La meditación zen es mucho más que una técnica de meditación y ni siquiera un grueso manual puede suplir la enseñanza directa de un maestro zen, de persona a persona, de corazón a corazón.

Denkô Mesa

 

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